No sé prácticamente nada de lo que, a partir del famoso libro de Coleman con ese título, se ha dado en llamar inteligencia emocional. Por lo poco que sé del asunto, consiste en el control de las manifestaciones externas de las emociones. Es inteligente, desde el punto de vista emocional, la persona capaz de exteriorizar sin cortapisas, pero de un modo equilibrado y maduro, sus manifestaciones de afecto, comenzando por las dirigidas a los que tiene más cerca.
No debe ser mi fuerte ese control, porque mi anciana madre a veces se enfada un poco, cuando me pongo pesado con mis muestras externas de cariño. Con las personas mayores se corre el peligro de humillarlas un poquito si se les trata como si fuesen niños pequeños, aunque estoy convencido de que se trata de un riesgo que hay que correr, porque es necesario que se sientan queridos de un modo también sensorial, especialmente de los más cercanos.
Pues, en uno de esos enfados, mi madre se quejó de un modo que me resultó original. "Me tratáis como un muñeco tropezón". En un primer momento, la expresión me sonó a conocida, pero de todos modos, le pregunté a qué se refería exactamente. "Pues, eso, un muñeco al que todo el que pasa le da un golpecito o le hace una tontería", vino a decirme, más o menos, con sencillez.
Lo busqué en diccionarios de todo tipo y en páginas de internet y no encontré el sintagma muñeco tropezón por ningún lado, así que me sirvió al menos, que no es poco, para estimar aún más la originalidad de la para mí más entrañable de las ancianas. De todos modos, un buen y sabio amigo me recordó que lo que mi madre parecía querer expresar se recoge en el contenido de la palabra tentetieso, que, según el diccionario académico es un "muñeco de materia ligera, o hueco, que lleva un contrapeso en la base, y que, movido en cualquier dirección, vuelve siempre a quedar derecho".En un primer momento admití sin más la coincidencia entre el original muñeco tropezón y el académico tentetieso, pero después, aplicados ambos términos en sentido figurado al modo de reaccionar ante las incomodidades de la convivencia, no tuve más remedio que matizar la sinonimia. Sin duda todos somos tropezones, porque todos recibimos - igual que proporcionamos- golpes en el trato con los demás. Pero no todos reaccionamos como el tentetieso, porque éste "vuelve siempre a quedar derecho", como si no hubiera pasado nada.
No es fácil olvidar, perdonar, quitar importancia... Pero ¡qué felices viven los que han aprendido a desprenderse de la pesada e inútil carga del rencor!