jueves, 27 de noviembre de 2014

Noviembre se termina

Me ha llegado este breve vídeo, que María, mi sobrina, al recibirlo por "whatsapp" ha calificado como "¡muy muy chulo!" y que yo, "viejo novato" sin embargo, he relacionado rápidamente con este soneto de Quevedo:

"¡Ah de la vida!"... ¿Nadie me responde?

¡Aquí de los antaños que he vivido!
La Fortuna mis tiempos ha mordido;
las Horas mi locura las esconde.

¡Que sin poder saber cómo ni a dónde
la salud y la edad se hayan huido!
Falta la vida, asiste lo vivido,
y no hay calamidad que no me ronde.

Ayer se fue; mañana no ha llegado;
hoy se está yendo sin parar un punto:
soy un fue, y un será, y un es cansado.

En el hoy y mañana y ayer, junto
pañales y mortaja, y he quedado
presentes sucesiones de difunto.


Lo de "sin embargo" lo escribo porque no sé si mi sobrina mantendría lo de "muy chulo" para el poema que yo identifico con el vídeo -ya me enteraré- o es sólo cosa de su viejo tío, influido por tantas lecturas, a solas o en sus añoradas clases, rodeado de chavalería.
Sea como sea, creo que termina un mes lleno de referencias al paso del tiempo, y Quevedo expresa ese transcurso de modo magistral en su poema. Si en él se manifiesta el tono pesimista de la mentalidad barroca desde la que se escribe; pero ello no nos debe hacer olvidar la realidad de nuestra corta existencia. Como muestra el vídeo, entre la infancia y la ancianidad sólo median unos trazos de lápiz, del negro al gris
Quizás sea más importante fijarse en lo que permanece,en los rasgos firmes de nuestra personalidad, que se reconocen siempre en la base del "dibujo" de nuestro yo, a pesar de los cambios constantes. Si nos gustan esas constantes, solo nos queda disfrutar de nuestra vida, llevarla serenamente hasta sus últimas consecuencias. Si algo nos desagrada, paremos el vídeo y corrijamos el trazo lo mejor que podamos, para no alejarnos demasiado de la inocencia del dibujo inicial.
Porque lo cierto y seguro es la cercanía entre "pañales y mortaja".  La vida es corta, hemos de aprovecharla, que es el único modo de disfrutarla, y hemos de aprender a modificarnos, sobre todo para nuestro propio disfrute, porque cada uno puede contemplar, si se acostumbra a reflexionar un poco, la verdadera película de su vida, que no siempre es -o tal vez no lo sea nunca- la que ven los demás.