lunes, 24 de agosto de 2015

Nueva entrada

        Sí, has leído bien: nueva entrada. Está visto que no se puede dejar de escribir, porque rápidamente te acostumbras, y crees que se puede vivir sin hacerlo. Y sin escribir, de algún modo estás dejando de hablar. Hablas para comunicarte y, no siempre puedes comunicarte presencialmente a veces, necesitas decir, pero a distancia; hablar, pero desde lejos. Con ganas de recibir respuestas, pero no siempre inmediatas y precisas.

       Así que, aquí estoy hablando por medio de mi blog, o tal vez hablando con el blog mismo, como si de un comprensivo interlocutor se tratase. No sé, aquí estoy escribiendo, en cualquier caso, con ganas; sin mucho que contar, pero con muchísimas ganas de manifestarme. No puedo ni quiero dejar de escribir. Así que, blog amigo, anímame. No me abandones. Déjame, por favor, que diga todas las tonterías que se me vayan ocurriendo, hasta que vaya entrando en razón, y vuelva a ocuparme de asuntos más interesantes. Pero no me dejes volver a abandonarte, que es un modo de abandonarme a mí mismo

        Hoy, en concreto, me ha tocado asistir al funeral de la madre de un amigo. Antier, cuando me enteré, le mandé  un "whatsapp", manifestándole, por qué no decirlo, mi alegría, porque su madre había disfrutado de su buena compañía hasta el final. Me dio las gracias. Los "viejos novatos" estamos poco a poco despidiendo a nuestros mayores, y pasando a primera fila: ley de vida. Valga este último párrafo como homenaje a la querida doña Julia, que en paz descanse.

lunes, 29 de junio de 2015

Con más miedo que vergüenza

    ¿Que por qué titulo así la entrada? Pues, porque, después de siete meses, me atrevo a escribir otra vez, eso sí, con la tranquilidad de que quizás no me lea nadie, o de que, si alguien se atreve, me trate con especial indulgencia, tal vez porque esté al tanto de los problemas de estos referidos últimos meses.

    Pero es que resulta muy grato hablar de lo que te dé la gana, sin que nadie te interrumpa, aprovechándote de  a dificultad que presenta la bidireccionalidad comunicativa en este caso. Sabes que te pueden escribir para contestarte, pero tienen que esperar a que tú termines. En fin, que me siento libre para tomar la iniciativa.

    El problema es de qué hablar, por dónde arrancar. No sé, la verdad. Tal vez baste con reaparecer para anunciar -anunciármelo a mí en primer lugar- que no quiero renunciar a mi humilde blog, que aquí estoy, que voy a intentar escribir con frecuencia,

    Así que, sin vergüenza, porque no hacemos mal a nadie, pero con algo de miedo por hacer, tal vez, perder el tiempo a quien se atreva a leerme, pido disculpas y anuncio mi retorno.

    Muchas gracias.