Sí, has leído bien: nueva entrada. Está visto que no se puede dejar de escribir, porque rápidamente te acostumbras, y crees que se puede vivir sin hacerlo. Y sin escribir, de algún modo estás dejando de hablar. Hablas para comunicarte y, no siempre puedes comunicarte presencialmente a veces, necesitas decir, pero a distancia; hablar, pero desde lejos. Con ganas de recibir respuestas, pero no siempre inmediatas y precisas.
Así que, aquí estoy hablando por medio de mi blog, o tal vez hablando con el blog mismo, como si de un comprensivo interlocutor se tratase. No sé, aquí estoy escribiendo, en cualquier caso, con ganas; sin mucho que contar, pero con muchísimas ganas de manifestarme. No puedo ni quiero dejar de escribir. Así que, blog amigo, anímame. No me abandones. Déjame, por favor, que diga todas las tonterías que se me vayan ocurriendo, hasta que vaya entrando en razón, y vuelva a ocuparme de asuntos más interesantes. Pero no me dejes volver a abandonarte, que es un modo de abandonarme a mí mismo
Hoy, en concreto, me ha tocado asistir al funeral de la madre de un amigo. Antier, cuando me enteré, le mandé un "whatsapp", manifestándole, por qué no decirlo, mi alegría, porque su madre había disfrutado de su buena compañía hasta el final. Me dio las gracias. Los "viejos novatos" estamos poco a poco despidiendo a nuestros mayores, y pasando a primera fila: ley de vida. Valga este último párrafo como homenaje a la querida doña Julia, que en paz descanse.