lunes, 21 de agosto de 2017

Agosto sevillano

Aunque resulte tópico, me gusta pasar el mes de agosto en Sevilla, tengo que reconocerlo, como a tantos otros, no sé si muchos o pocos, porque precisamente mi afición es a la ciudad con menos gente, al menos en mi zona, que no es céntrica, sino algo alejada del desfile turístico -que no seré yo el que lo critique, con la que está cayendo-, una zona de barrio clásica, sin más datos. El bueno de D. Antonio Machado, escribió aquello de "Sevilla sin sevillanos", con un sentido crítico, pero enamorado, que yo suscribo sin reservas. Sevilla es abarcable, comedida, posible, llevadera, salvo cuando aparece la bulla. Por eso prefiero la Sevilla de mi barrio. El que quiera que venga, pero yo no haré propaganda

sábado, 15 de abril de 2017

Meditación o conversación


Últimamente utilizo mucho el autobús, es mas barato y seguro que coger el coche, sobre todos para los pequeños desplazamientos que realizo habitualmente. Nada más que pensar dónde aparcar en el centro de la ciudad ya me hace desistir. Pues,en la mayor parte de los autobuses urbanos que frecuento, han incorporado unas pantallas en la que, además de señalar las sucesivas paradas de la línea, se facilita todo tipo de información y de entretenimientos para los usuarios del servicio. Una de las opciones de entretenimiento es la reproducción de frases de personas célebres. Habitualmente no les presto mucha atención, pero el otro día me llamó la atención una de esas frases, de no recuerdo quién, que decía "La conversación nos enseña más que la meditación". La apunté en el móvil -donde últimamente anoto todo- y me sirve ahora para realizar mi entrada.

Es verdad que necesitamos del diálogo, que gracias a nuestras conversaciones podemos aprender tantas cosas. Podríamos considerar que nuestros maestros nos han trasmitido sus conocimientos en la conversación que se supone debe existir en una clase, en la que se suceden, con frecuencia, conversaciones, con preguntas y respuestas. Y disfrutamos conversando con amigos que tienen temas de los que hablar, porque aprendemos sin duda de ellos.

Pero habría que ver si conversación y meditación son absolutamente independientes, si se puede dar de verdad la una sin la otra. Me viene a la cabeza, creo que es de Gracián, la famosa frase -que también podría aparecer, por cierto, en los monitores de los autobuses: "No siempre se ha de decir lo que se piensa, pero siempre se ha de pensar lo que se dice". ¿Se puede hablar de cosas sin sentido? ¿Se puede conversar sin pensar en lo que se ha oído, se ha dicho antes o se quiere decir? Después de una conversación interesante, ¿no apetece, a veces, meditar sobre lo hablado, dicho o escuchado, para asimilarlo?

Así que tengo que disentir de lo expresado en la frase. Sin meditación, la conversación carece de interés. Hablar exige siempre respeto por el interlocutor, que merece siempre que reflexionemos sobre lo que nos dice y sobre nuestra respuesta, si es que procede darla.

En todo caso, ni taciturnos, porque nunca intervenimos en las conversaciones, ni extremadamente locuaces, hasta el punto de que seamos nosotros los que volvemos taciturnos a nuestros interlocutores, en lugar de estar dispuestos siempre a no perder la oportunidad de aprender y de meditar sobre lo escuchado de tantas personas interesantes, con las que tenemos la oportunidad de coincidir cada día. 

lunes, 6 de febrero de 2017

Días serenos

No nos damos cuenta de los privilegios de que gozamos, hasta que vemos en lontananza la posibilidad de perderlos. La vida nos parece algo de nuestra propiedad, algo que no nos pueden arrebatar sin privarnos de un derecho: es nuestra, y no hay más que hablar, ¿vale? Entonces aparece la enfermedad y se nos antoja que, como agente externo inoportuno, no tiene por qué turbar nuestra rutina existencial. ¿De dónde viene? ¿Es algo o alguien?

Sea como fuere, no tiene ninguna gracia que, de pronto, nos encontremos con algo o alguien que se empeña en que nos resulte complicado lo que nos parece tan simple como es el hecho de vivir, de existir.

Cuando no pasa nada, o eso creemos; cuando tenemos salud, o eso creemos; cuando la vida simplemente fluye, como el río del filósofo, no imaginamos nada que pueda turbar esa, tal vez, serena mediocridad. Nos basta con vivir y... a mucha honra, que diría el castizo.

Pero esa aparente vulgaridad de la normalidad es un regalo. Me lo explicaba un niño, hijo de un amigo, al que en el colé le habían hecho reflexionar sobre la palabra "presente": lo que estamos viviendo en cada momento, nuestro presente, es el mejor regalo, el mejor "presente" que se nos hace.

Agradezcámoslo.

Paseos "reflexivos"

Ya tenía ganas de escribir algo. Esta mañana, como todas las que puedo, que son las más, he dado un pequeño paseo "reflexivo", sin alejarme mucho de casa, para poder trabajar después un rato, que si no se pierde la mañana irremisiblemente.

Pasear "por donde siempre" tiene ventajas e inconvenientes. Si no quiero prestar atención, no me pierdo gran cosa, pues veré lo de todos los días; pero si decido mirarlo todo como quien va de nuevo, no dejan de sorprenderme esas personas y cosas de siempre, si no idénticas, muy parecidas: las madres del colegio, que tal vez no sean las mismas de ayer, pero allí están, como todos los días; el pordiosero de la puerta del super, que es más fácil que sea el mismo, pero esta vez soy yo el que, como no me fijé ayer, no lo reconozco; el señor de la parada del autobús, que está ahi como ayer estaba él mismo u otro: qué más da...

Pero he dicho que no deja de sorprenderme lo que veo, para a la vez señalar que mi mirada es indiferente, que voy a lo mío, que lo que me rodea -personas y cosas- no es más que el marco de mis reflexiones y divagaciones, y que, cuanto más predecible es ese marco, menos interesante resulta  y a la vez más útil para no distraerme de lo mío, que es la verdadera novedad de cada uno de mis paseo.

Habrá que hacérselo ver.


lunes, 24 de agosto de 2015

Nueva entrada

        Sí, has leído bien: nueva entrada. Está visto que no se puede dejar de escribir, porque rápidamente te acostumbras, y crees que se puede vivir sin hacerlo. Y sin escribir, de algún modo estás dejando de hablar. Hablas para comunicarte y, no siempre puedes comunicarte presencialmente a veces, necesitas decir, pero a distancia; hablar, pero desde lejos. Con ganas de recibir respuestas, pero no siempre inmediatas y precisas.

       Así que, aquí estoy hablando por medio de mi blog, o tal vez hablando con el blog mismo, como si de un comprensivo interlocutor se tratase. No sé, aquí estoy escribiendo, en cualquier caso, con ganas; sin mucho que contar, pero con muchísimas ganas de manifestarme. No puedo ni quiero dejar de escribir. Así que, blog amigo, anímame. No me abandones. Déjame, por favor, que diga todas las tonterías que se me vayan ocurriendo, hasta que vaya entrando en razón, y vuelva a ocuparme de asuntos más interesantes. Pero no me dejes volver a abandonarte, que es un modo de abandonarme a mí mismo

        Hoy, en concreto, me ha tocado asistir al funeral de la madre de un amigo. Antier, cuando me enteré, le mandé  un "whatsapp", manifestándole, por qué no decirlo, mi alegría, porque su madre había disfrutado de su buena compañía hasta el final. Me dio las gracias. Los "viejos novatos" estamos poco a poco despidiendo a nuestros mayores, y pasando a primera fila: ley de vida. Valga este último párrafo como homenaje a la querida doña Julia, que en paz descanse.

lunes, 29 de junio de 2015

Con más miedo que vergüenza

    ¿Que por qué titulo así la entrada? Pues, porque, después de siete meses, me atrevo a escribir otra vez, eso sí, con la tranquilidad de que quizás no me lea nadie, o de que, si alguien se atreve, me trate con especial indulgencia, tal vez porque esté al tanto de los problemas de estos referidos últimos meses.

    Pero es que resulta muy grato hablar de lo que te dé la gana, sin que nadie te interrumpa, aprovechándote de  a dificultad que presenta la bidireccionalidad comunicativa en este caso. Sabes que te pueden escribir para contestarte, pero tienen que esperar a que tú termines. En fin, que me siento libre para tomar la iniciativa.

    El problema es de qué hablar, por dónde arrancar. No sé, la verdad. Tal vez baste con reaparecer para anunciar -anunciármelo a mí en primer lugar- que no quiero renunciar a mi humilde blog, que aquí estoy, que voy a intentar escribir con frecuencia,

    Así que, sin vergüenza, porque no hacemos mal a nadie, pero con algo de miedo por hacer, tal vez, perder el tiempo a quien se atreva a leerme, pido disculpas y anuncio mi retorno.

    Muchas gracias.

jueves, 27 de noviembre de 2014

Noviembre se termina

Me ha llegado este breve vídeo, que María, mi sobrina, al recibirlo por "whatsapp" ha calificado como "¡muy muy chulo!" y que yo, "viejo novato" sin embargo, he relacionado rápidamente con este soneto de Quevedo:

"¡Ah de la vida!"... ¿Nadie me responde?

¡Aquí de los antaños que he vivido!
La Fortuna mis tiempos ha mordido;
las Horas mi locura las esconde.

¡Que sin poder saber cómo ni a dónde
la salud y la edad se hayan huido!
Falta la vida, asiste lo vivido,
y no hay calamidad que no me ronde.

Ayer se fue; mañana no ha llegado;
hoy se está yendo sin parar un punto:
soy un fue, y un será, y un es cansado.

En el hoy y mañana y ayer, junto
pañales y mortaja, y he quedado
presentes sucesiones de difunto.


Lo de "sin embargo" lo escribo porque no sé si mi sobrina mantendría lo de "muy chulo" para el poema que yo identifico con el vídeo -ya me enteraré- o es sólo cosa de su viejo tío, influido por tantas lecturas, a solas o en sus añoradas clases, rodeado de chavalería.
Sea como sea, creo que termina un mes lleno de referencias al paso del tiempo, y Quevedo expresa ese transcurso de modo magistral en su poema. Si en él se manifiesta el tono pesimista de la mentalidad barroca desde la que se escribe; pero ello no nos debe hacer olvidar la realidad de nuestra corta existencia. Como muestra el vídeo, entre la infancia y la ancianidad sólo median unos trazos de lápiz, del negro al gris
Quizás sea más importante fijarse en lo que permanece,en los rasgos firmes de nuestra personalidad, que se reconocen siempre en la base del "dibujo" de nuestro yo, a pesar de los cambios constantes. Si nos gustan esas constantes, solo nos queda disfrutar de nuestra vida, llevarla serenamente hasta sus últimas consecuencias. Si algo nos desagrada, paremos el vídeo y corrijamos el trazo lo mejor que podamos, para no alejarnos demasiado de la inocencia del dibujo inicial.
Porque lo cierto y seguro es la cercanía entre "pañales y mortaja".  La vida es corta, hemos de aprovecharla, que es el único modo de disfrutarla, y hemos de aprender a modificarnos, sobre todo para nuestro propio disfrute, porque cada uno puede contemplar, si se acostumbra a reflexionar un poco, la verdadera película de su vida, que no siempre es -o tal vez no lo sea nunca- la que ven los demás.