Mi amigo es tan buen periodista que, como se dedicaba a las noticias de tribunales, decidió que tenía que estudiar Derecho, para poder hablar -y escribir- con propiedad sobre esos temas. Como es un profesional responsable, mi amigo ha defendido recientemente su tesis doctoral y ahora con frecuencia es invitado por los profesionales de la justicia para que él los ponga al día sobre las relaciones, no siempre fraternales, entre justicia y derecho a la información. Mi amigo contradice evidentemente la divertida distinción de Chesterton entre filósofos y periodistas, según la cual los primeros lo saben todo sobre algo, mientras que los periodistas suelen saber algo sobre todo.
A veces, mi amigo es invitado como experto en tertulias televisivas en las que todos son periodistas. Pero, como no hay peor cuña que la de la misma madera, lo que entre los profesionales de la justicia era silencioso respeto para escuchar a un especialista, se convierte en algarabía entre sus colegas. En vez de atender y disfrutar de la oportunidad de saber -algo más que poco- sobre el tema del día, antes de que el invitado termine su exposición, comienzan a opinar acaloradamente, dejando al colaborador ocasional con la palabra en la boca y con la perplejidad de quien tal vez esté perdiendo el tiempo entre gente que ya parece saber tanto sobre el tema de su especialidad.
Eso sí, los tertulianos cuentan con la inestimable ayuda de portátiles y tabletas que, con su rápida conexión a la internet se convierten en el nuevo argumentario de autoridad, sustituto de urgencia de las aulas y seminarios especializados, de las bibliotecas y de los centros de documentación.
Hace algunos años, el hoy director de un importante medio comunicativo pedía que la sociedad entendiese que el trabajo de los periodistas consiste en ser honradamente parciales y es verdad que junto a la noticia esperamos la opinión, según la división clásica de los mensajes periodísticos. Pero necesitamos noticias veraces y opiniones fundamentadas, igual que el profesor ha de conjugar la inviolable libertad de cátedra con la profundidad en sus exposiciones, fruto de su lectura y de su estudio.
No tiene por qué ser un imposible que al escuchar los argumentos de los demás, podamos completar e incluso modificar los nuestros. Como hoy va la cosa de citas más o menos anónimas, recuerdo que un político de la transición (últimos años de la década de los 70 del siglo pasado, para los lectores más jóvenes), ya fallecido definía la democracia -hoy es imposible no esbozar una sonrisa triste al recordarlo- como "la duda permanente de que probablemente sea el otro el que lleve razón".
En cualquier caso, yo disfruto con mi amigo, porque aprendo de quien sabe de lo suyo, también cuando opina, porque estaré o no de acuerdo, pero reconozco que sus puntos de vista son los de un especialista
Eso sí, los tertulianos cuentan con la inestimable ayuda de portátiles y tabletas que, con su rápida conexión a la internet se convierten en el nuevo argumentario de autoridad, sustituto de urgencia de las aulas y seminarios especializados, de las bibliotecas y de los centros de documentación.
Hace algunos años, el hoy director de un importante medio comunicativo pedía que la sociedad entendiese que el trabajo de los periodistas consiste en ser honradamente parciales y es verdad que junto a la noticia esperamos la opinión, según la división clásica de los mensajes periodísticos. Pero necesitamos noticias veraces y opiniones fundamentadas, igual que el profesor ha de conjugar la inviolable libertad de cátedra con la profundidad en sus exposiciones, fruto de su lectura y de su estudio.
No tiene por qué ser un imposible que al escuchar los argumentos de los demás, podamos completar e incluso modificar los nuestros. Como hoy va la cosa de citas más o menos anónimas, recuerdo que un político de la transición (últimos años de la década de los 70 del siglo pasado, para los lectores más jóvenes), ya fallecido definía la democracia -hoy es imposible no esbozar una sonrisa triste al recordarlo- como "la duda permanente de que probablemente sea el otro el que lleve razón".
En cualquier caso, yo disfruto con mi amigo, porque aprendo de quien sabe de lo suyo, también cuando opina, porque estaré o no de acuerdo, pero reconozco que sus puntos de vista son los de un especialista