martes, 11 de junio de 2013

Nosotros sí sabemos quién es

            Me cuentan que un buen amigo tiene principios de Alzheimer. Cuando fueron a verlo hace unos días, todo parecía ir bien en la conversación, hasta que, tras expresar algunas ideas inconexas, mi amigo se echó a llorar. Sufre al darse cuenta de que a veces lo que dice  no tiene demasiado sentido. Durante muchos años, además de sacar adelante una familia numerosa, junto a su mujer, ha sabido resolver en su trabajo muchas tareas importantes, precisamente con ese cerebro suyo que ahora le juega estas malas pasadas. Es un anciano sencillo y agradable y ojalá pudiera entender que, para sus familiares y amigos, lo de menos es la coherencia de lo que diga, siempre que nos permita atenderlo y hacerle compañía. 

Es un misterio esta enfermedad, como lo han sido a lo largo de la historia otras muchas, hasta que la perseverancia de los investigadores da con una solución, como estoy seguro de que ocurrirá con ésta. Pero aparecerán otras nuevas, en una cadena que tal vez no termine mientras no se acabe la vida sobre la tierra. Por tanto, es muy probable que siga habiendo siempre amigos enfermos a los que visitar, escuchar y consolar cuando lloren.

Recuerdo el caso de otro señor, ya con la misma dolencia en grado profundo, cuya familia decidió que estaría mejor atendido en una residencia. Como no encontraron un establecimiento adecuado en su ciudad, lo ingresaron en un centro de otra población, algo alejada de la suya y por tanto también alejada de sus amigos de siempre. Pero éstos, ya mayores como él, como no podrían visitarlo con frecuencia, animaron a otros amigos comunes de la nueva ciudad a que pasaran de vez en cuando un rato junto a él. Y así lo hacían.

Uno de los días, una persona que trabajaba en el centro, sorprendida por el tiempo que dedicaban unos “extraños” al residente, con el esfuerzo que para algunos de ellos -ya mayores también- suponía, les aconsejó espaciar más las visitas, porque “él no los reconoce -vino a decirles-, no sabe quiénes son ustedes".

De un modo sencillo, y sin animo de reconvenir a esa persona, uno de los señores comentó “Tal vez lleve usted razón, y él no nos reconozca, pero nosotros sí sabemos quién es; por eso venimos con toda la frecuencia que podemos. No queremos que se sienta solo”.

Compasión, simpatía o empatía -término este último de moda, tal vez porque iguala más a emisor y receptor de la pasión que las tres palabras suponen- expresarán siempre actitudes necesarias, por mucho que avance todo, para que nuestra sociedad mantenga simplemente su calificativo esencial, el de humana.

4 comentarios:

  1. La verdad que no lo sé. Supongo que habrá que recomendarlo en faceboook u otra de las redes sociales. Tengo mucho que aprender.
    Gracias

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  2. Me ha encantado el artículo, cuñao. Por lo que ya sabes y hablamos ayer. Yo hay cosas que no entiendo...y por suerte, espero no entender nunca.

    Un saludo

    PD: Ea, ya soy miembro, que no lo era, por eso no me salías. Que despisteee ;)

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  3. Mientras haya gente que se preocupe por el resto sin ánimo de recibir nada a cambio que se quiten las demás personas cerraditas de mente. Mientras haya al menos un equilibrio habrá esperanza en la humanidad.

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