Me cuentan que un buen amigo tiene
principios de Alzheimer. Cuando fueron a verlo hace unos días,
todo parecía ir bien en la conversación, hasta que, tras expresar algunas ideas inconexas, mi amigo se echó a llorar. Sufre al darse cuenta de que a veces lo que dice no tiene demasiado sentido. Durante
muchos años, además de sacar adelante una familia numerosa, junto a su
mujer, ha sabido resolver en su trabajo muchas tareas
importantes, precisamente con ese cerebro suyo que ahora le juega estas malas pasadas. Es un
anciano sencillo y agradable y ojalá pudiera entender que, para sus familiares y amigos, lo de menos es la coherencia de lo que diga, siempre que
nos permita atenderlo y hacerle compañía.
Es un misterio esta enfermedad, como lo
han sido a lo largo de la historia otras muchas, hasta que la perseverancia de
los investigadores da con una solución, como estoy seguro de que ocurrirá con
ésta. Pero aparecerán otras nuevas, en una cadena que tal vez no termine
mientras no se acabe la vida sobre la tierra. Por tanto, es muy probable que
siga habiendo siempre amigos enfermos a los que visitar, escuchar y consolar cuando lloren.
Recuerdo el caso de otro señor, ya con
la misma dolencia en grado profundo, cuya familia decidió que estaría mejor atendido
en una residencia. Como no encontraron un establecimiento adecuado en su ciudad,
lo ingresaron en un centro de otra población, algo alejada de la suya y por tanto también alejada de sus
amigos de siempre. Pero éstos, ya mayores como él, como no podrían visitarlo
con frecuencia, animaron a otros amigos comunes de la nueva ciudad a que pasaran de vez en cuando un rato junto a él. Y así lo hacían.
Uno de los días, una persona que trabajaba en el centro,
sorprendida por el tiempo que dedicaban unos “extraños” al residente, con
el esfuerzo que para algunos de ellos -ya mayores también- suponía, les aconsejó espaciar
más las visitas, porque “él no los reconoce -vino a decirles-, no sabe quiénes son ustedes".
De un modo sencillo, y sin animo de
reconvenir a esa persona, uno de los señores comentó “Tal vez lleve usted
razón, y él no nos reconozca, pero nosotros sí sabemos quién es; por eso
venimos con toda la frecuencia que podemos. No queremos que se sienta solo”.
Compasión, simpatía o empatía -término este último de moda, tal vez porque iguala más a emisor y receptor de la pasión que las tres palabras suponen- expresarán siempre actitudes necesarias, por mucho que avance todo, para que nuestra sociedad mantenga simplemente su calificativo esencial, el de humana.
Compasión, simpatía o empatía -término este último de moda, tal vez porque iguala más a emisor y receptor de la pasión que las tres palabras suponen- expresarán siempre actitudes necesarias, por mucho que avance todo, para que nuestra sociedad mantenga simplemente su calificativo esencial, el de humana.
¿Dónde está el botón de "Me gusta"?
ResponderEliminarLa verdad que no lo sé. Supongo que habrá que recomendarlo en faceboook u otra de las redes sociales. Tengo mucho que aprender.
ResponderEliminarGracias
Me ha encantado el artículo, cuñao. Por lo que ya sabes y hablamos ayer. Yo hay cosas que no entiendo...y por suerte, espero no entender nunca.
ResponderEliminarUn saludo
PD: Ea, ya soy miembro, que no lo era, por eso no me salías. Que despisteee ;)
Mientras haya gente que se preocupe por el resto sin ánimo de recibir nada a cambio que se quiten las demás personas cerraditas de mente. Mientras haya al menos un equilibrio habrá esperanza en la humanidad.
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